¡Pon el foco; centra tus esfuerzos!

26.02.2018

¿Está de moda hablar de los valores en las organizaciones? Hoy día nos encontramos con que los valores y su desarrollo están cobrando cada vez mayor importancia. Aquello de la Visión, Misión y los Valores básicamente enmarcados y colgados en la pared está pasando a la historia. Estos elementos empiezan a ser la base para muchas decisiones en cualquier entidad; entre otras, para valorar el desempeño y alineación de las personas, para el diseño del modelo organizativo, e incluso para el diseño de las instalaciones. Éstas tienen gran influencia en los comportamientos de las personas ya que nos limitan o “invitan” a ciertas conductas. Por ejemplo: si queremos que las personas colaboren eliminemos las barreras y despachos, si no queremos que la gente fume no pongamos ceniceros, etc. Esto ya lo estamos viendo en empresas de referencia desde hace tiempo. 

Lo que parece que cada vez tenemos más claro es que en las organizaciones ya no se trata únicamente de tener una estrategia de negocio clara y optimizar al máximo los recursos. La clave del éxito de una organización no solo reside en sus resultados económicos, sino también en su capacidad de maximizar el potencial de las personas, ya que, como decía Tom Peters, cuando el capital y la tecnología son accesibles a todos por igual, lo que marca la diferencia es la calidad del capital humano.

La cultura de una organización es la suma de sus valores, y los valores, son la suma de los comportamientos de cada una de las personas de la organización. Trabajar sobre los comportamientos de las personas nos permite dirigir sus esfuerzos y energías a lo que realmente genera valor, y por tanto, la capacidad de construir una cultura alineada y al servicio de la estrategia es, sin duda, una de las claves del éxito de las organizaciones de hoy.

Si queremos marcar y moldear una cultura en nuestra organización y que ciertos valores estén muy presentes en las personas, una buena forma de comenzar suele ser identificar de forma compartida aquellos comportamientos que  definen  los valores seleccionados, tratando de que sean muy concretos y observables, de manera que sirvan de guía de actuación en el día a día de las personas. Pero el trabajo no termina aquí, ya que la verdadera transformación cultural ocurre cuando las personas cambian sus comportamientos. Y en estos procesos es donde a veces podemos perdernos, enredarnos, dispersarnos…

Un error que solemos cometer habitualmente es establecer un número elevado de valores y también un largo listado de comportamientos para cada valor. Éstos resultan excesivos para gestionar en la entidad. Los comportamientos definidos se suelen incorporar al sistema de evaluación del desempeño para realizar el seguimiento y valoración de su cumplimiento. De cada persona se define su plan de acción o plan de desarrollo, con lo que en función del tamaño de la organización se pueden  estar trabajando a la vez tantos comportamientos como planes se hayan realizado. Esto puede suponer un esfuerzo enorme para lograr pequeñas mejoras individuales de manera dispersa; no se percibirían resultados globales en la organización. Abordar este proceso sin priorizar y acotar los valores de una forma significativa, dificulta que se pueda percibir algún cambio integral en la entidad y supone difuminar su resultado.

Igualmente, hay que destacar lo costoso que suele resultar para los responsables definir acciones dirigidas a cambiar y a mejorar comportamientos. A menudo, no es un ámbito de su expertise, no saben cómo hacerlo, no tienen preparación,  no se sienten suficientemente apoyados en el proceso…  Esto ligado a la cantidad y variedad de comportamientos identificados conlleva que su gestión sea muy compleja.

Ante estas dificultades,  nuestra recomendación es poner el foco y centrarse; es decir, elegir un único valor a nivel estratégico o limitar muy mucho esta elección. La organización prioriza y escoge lo que va a ser importante este año. Esto permite que las personas estén concentradas en un único cambio, centrando sus esfuerzos en lo más importante, y podrán sentirse más acompañados, ya que toda la organización estará trabajando en la misma dirección.

A partir de ahí,  se trata de elaborar el plan de acción muy concreto, ligado a dicho valor o incluso comportamiento seleccionado, de forma que se pueda gestionar más fácilmente. Esto permite identificar y preparar con antelación posibles acciones de desarrollo o capacitación, contactar con posibles proveedores de servicios, planificar acciones de mentoring, etc. Este plan de acción a disposición de aquellas personas en puestos de responsabilidad o que tengan personas a su cargo, les servirá como herramienta para que puedan adecuarlo a las necesidades identificadas en su área  y, así,  podrán ofrecer una propuesta de acciones mucho más eficaz a las personas.

Esto no se contradice con que nos encontremos con algunas excepciones que queramos tratarlas de otra manera y no debe suponer una limitación de cara a mejorar o trabajar otro comportamiento no contemplado inicialmente, bien para alguna persona o bien algún ámbito concreto. Si resultase necesario, se recomienda acometerlo pero de manera excepcional o aislada, para que pueda ser gestionable y no se “pierda el norte”.

Nos hemos encontrado con organizaciones que siguiendo esta buena práctica trabajan los valores por campañas, como por ejemplo, los centros escolares. Seleccionan un valor para desarrollar una campaña en un periodo de tiempo concreto. En esta, trabajan acciones transversales a nivel global en el centro implicando a alumnado, profesorado y personas trabajadoras del centro, desde servicios de comedor, transporte, extraescolares y otros ámbitos administrativos y de gestión.

La gestión de los valores puede ser un arma muy poderosa para alinear y comprometer a las personas a conseguir el propósito de tu organización si sabes trabajarla adecuadamente. Empieza poco a poco. Revisa los valores enmarcados en un cuadro y colgados en la pared; haz una reflexión sincera sobre cuáles son aquellos que te van a ayudar al desarrollo del éxito de tu organización y actualízalos; pon el foco, centra tus esfuerzos; y ¡manos a la obra! ¿Te animas?

Si quieres conocer más casos de éxito de empresas que han puesto en marcha proyectos para el desarrollo de los valores, puedes acceder al siguiente post, donde podrás escuchar de primera mano la experiencia de una de ellas: Un caso de éxito sobre el desarrollo de la Iniciativa – GOIENA KOMUNIKAZIO TALDEA

Elixabete Iriondo
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