Por qué sí merece la pena hacer un Plan de Internacionalización

25.06.2014

En estos últimos tiempos en que parece que tanto suena la palabra internacionalización, como una de las estrategias identificadas y buscadas por las empresas para continuar su natural desarrollo, o, en ocasiones, como una de las pocas salidas que se visualizan-acertada o equivocadamente, ésa es otra cuestión- a la situación de bajada de facturación nacional en la presente crisis, suenan también, de forma asociada, `palabros´ como Estrategia de Internacionalización, o Plan de Internacionalización, etc… especialmente a raíz de las modificaciones en los programas de ayuda y apoyo institucional (por parte del GV) en este ámbito, que ponen énfasis en la importancia su existencia detrás o en el origen de todo proyecto empresarial de internacionalización.

En algunos casos y empresas, se ve éste requisito con sorpresa e incluso como algo innecesario o superfluo, que no aporta valor ni está relacionado con la actividad de Internacionalización, que se contempla sólo desde la perspectiva de la acción, de la operativa.
Ni lo uno ni lo otro; toda empresa tiene en el fondo (o debería tener) una razón o motivación por la que desarrolla su actividad de la forma en la que lo hace, y en base a la que va tomando sus decisiones, es decir, una estrategia.

Ésta estrategia puede estar más o menos clara, y más o menos compartida en la organización. Puede que esté, como ocurre muchas veces, sólo `en la cabeza´ del empresario, pero está. Cada empresa es un mundo, pero la experiencia demuestra que, normalmente, cuanto más consensuada ha sido la definición de la estrategia, y más comunicada y desplegada en la organización esté, mayor suele ser el nivel de gestión, rendimiento y resultados posteriores de la empresa, y mayor su a agilidad para adaptarse a los cambios y tomar decisiones.

El ámbito de la internacionalización, ya complejo de por sí, no puede ser una excepción, por eso el desarrollo de la Estrategia Internacional, y consiguiente Plan (Estratégico) de Internacionalización debería verse como un ejercicio interno necesario y saludable por la Dirección de la empresa, como una oportunidad de `pararse 5 minutos´ a pensar y reflexionar sobre algunas cuestiones básicas como qué voy a salir a hacer fuera, en qué mercados, cómo, para qué, con qué recursos, y en qué tiempo.

Este ejercicio no tiene que ser en absoluto algo teórico, sino todo lo contrario, debe ser aterrizado a la realidad y necesidades de la empresa, que combine la dosis de reflexión necesaria con la equivalente de acción, e información actualizada y de valor (resultados de mercados en los que ya operamos, información directa de clientes, de otras empresas, viajes de prospección, visita a ferias, …etc). El valor radica en el propio ejercicio de reflexión, el nivel de formalización que se le quiera dar es un aspecto algo secundario, y que va a depender realmente de la profundidad con que se haya hecho lo anterior.

El ejercicio por tanto de Reflexión Estratégica de Internacionalización (con un horizonte a 2-3 años), y su formalización en un Plan de Acción de revisión anual, puede ser realmente una buena oportunidad que ahorre trabajo posterior (y muchas veces incluso resultados no deseados, con la consiguiente pérdida de tiempo y recursos), a la vez que permite alinear la organización y cultura de la empresa hacia dicho objetivo y proceso exterior. El resultado será entonces una herramienta potente y útil para la toma de decisiones, seguimiento y control de gestión actualizado de dicha actividad, y no un mero documento en papel a presentar a las distintas ayudas y subvenciones, y a dejar luego olvidado en algún cajón.

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