¿Nos ha enseñado algo la crisis?

¿Nos ha enseñado algo la crisis?

16.10.2015

Brotes verdes. Parece que sí, que esta vez es cierto, y que la célebre y parodiada expresión que acuñó el señor Zapatero allá por el 2010 sí se ajusta a la realidad que muestran los indicadores de “nuestra economía”. Y estamos en el último cuatrimestre de 2015. Han transcurrido cinco largos y sufridos años desde aquel momento y un par de años más desde el inicio de la crisis, de la “madre de todas las crisis”.

Cuando digo “nuestra economía” me refiero a todas, en general, y a ninguna en particular: la guipuzcoana, la vasca, la española, la europea,… siendo consciente de que en un mundo globalizado como en el que nos toca vivir y con el que tenemos que evolucionar, una economía del tamaño de la guipuzcoana no puede desenvolverse de forma radicalmente distinta a las economías de un entorno que cada vez se nos antoja más amplio. El mundo se ha quedado pequeño y las afecciones a “nuestra economía” y a nuestras empresas provienen de situaciones y de lugares que hace unos años ni nos atreveríamos a imaginar: la crisis de Ucrania, el parón de China y de la India; el clima político, y la recesión de Brasil; el fraude de Wolkswagen, etc. Ejemplos mil que cada día nos sorprenden menos.

Pero volvamos a los mencionados brotes verdes. A pesar de las tan divergentes interpretaciones que de la presentación de cada dato hacen los diferentes agentes políticos, empresariales o sindicales, y de que la mejora todavía no ha llegado a muchas familias, hay que reconocer, de forma objetiva, que la situación económica ha mejorado y que es muy probable que estemos en el inicio de un ciclo de crecimiento, no tan rápido como el nos gustaría, pero sí de un gran valor desde un punto de vista económico y anímico, sobre todo teniendo en cuenta de dónde venimos. Así y centrándonos en los datos de España, el crecimiento del PIB, que en 2014 fue de +1,4%, se espera que alcance valores próximos al +3% en 2015 y 2016; el desempleo, aun siendo muy alto y discutida la calidad del empleo, evoluciona positivamente, con el objetivo de disminuir 2,7 puntos en 2015 y otros 2 en 2016; igual que el déficit, con la previsión de alcanzar el objetivo del -3% en 2016; lo mismo diríamos de la balanza comercial y de otros indicadores de referencia. En consonancia con la española, aunque con algunos matices dependientes del valor medido, también podríamos afirmar que la economía Vasca y la Comunitaria evolucionan de forma positiva.

Parece que estamos dejando atrás un negro periodo que ha tenido muy graves repercusiones para las familias y las empresas y que, aunque sea con cautela, debemos prepararnos para afrontar y aprovechar las oportunidades que nos depara una etapa de crecimiento y de la tan esperada reactivación de la economía. Pero, ¿Cómo lo hacemos? ¿Cómo afrontamos esta “casi” nueva etapa? ¿Cuál va a ser nuestro modelo y las herramientas de las que nos vamos a dotar? ¿En qué nos pueden ayudar las experiencias de estos casi ocho años de profunda crisis?

Y aquí, aunque sea mezclar lo personal con la profesión, comparto con vosotros mi forma de enfocar las crisis, los errores y las malas experiencias, de la misma forma que todavía hoy lo hago con mis hijos, ya mayores. Cuando en las diferentes etapas de su vida han venido quejosos, preocupados, frustrados, enfadados porque un examen no les había salido bien, se habían equivocado con alguna decisión que habían tomado o no habían tomado, habían tenido una mala experiencia con algo o con alguien, habían metido la pata, y mil situaciones más, mi respuesta, tras escucharles atenta y pacientemente, animarles, consolarles, y tratar de razonar con ellos el alcance y las repercusiones reales de la “crisis”, siempre ha sido la misma: “Y, de esta experiencia, ¿Qué es lo que has aprendido?”

Y yo creo que es la misma que hoy daría a estas empresas que han sorteado mil y un problemas para llegar con vida a la línea de salida de esta nueva etapa ¿Hemos aprendido algo de esta crisis? Es evidente que, aunque sea por un simple mecanismo de supervivencia, no tenemos que obsesionarnos con los errores, ni arrepentirnos de aquellas decisiones que hemos tomado de forma razonada. Es ley de vida y le pasa al que actúa. Pero lo que no debemos permitir, ni tampoco renunciar, es a extraer enseñanzas también de estas situaciones. Nos ayudarán a prosperar y a enfocar de forma más acertada el futuro.

Y nos preguntaremos, “ya, muy bonito, pero ¿Qué enseñanzas nos aporta la dichosa crisis?” Y, aunque parezca cínico, abundo en la idea de que de esta penosa experiencia también podemos extraer enseñanzas, y, sin ánimo de agotar el tema ni de sentar cátedra, comparto con vosotros algunas de mis reflexiones, centradas principalmente en las PYMES y en la acción de sus empresarios y directivos.

En este periodo las empresas han sufrido mucho e, incluso, no son pocas las que han desaparecido. Revisando la situación de aquellas con las que he estado trabajando en los últimos años, identifico detrás de sus problemas causas varias que, en la mayoría de las ocasiones, actúan conjuntamente: económicas, financieras, de mercado, de competitividad, etc., dando lugar a lo que podría considerarse la tormenta perfecta. Pero intentando extraer conclusiones más generales, diría que detrás de todas ellas está la inacción, bien porque realmente las empresas no han sabido qué hacer llegado el momento, bien porque, aun sabiéndolo, han sido incapaces de llevar a buen término sus decisiones en tiempo y forma.

A la mayoría de las empresas el inicio de la crisis, su particular virulencia y su duración nos ha cogido por sorpresa. Y para no fustigarnos demasiado, en el “nos” incluiría también a gobiernos, grandes empresas y corporaciones que cuentan con elevados recursos económicos y humanos para prospectar el futuro. Pero dicho esto, también es cierto que esta crisis sistémica ha afectado a unas PYMES más que a otras.

Y ¿Quiénes han sobrellevado mejor la crisis? En primer lugar, aquellas que sabían qué hacer, que tenían su propio plan de futuro, las que gestionaban de forma activa su estrategia con una visión a medio y largo plazo, las que sabían a dónde querían ir. Y las que, además, si los cambios originados por la crisis así lo han requerido, han sido capaces en los primeros momentos de adaptar su estrategia de forma rápida a la nueva situación. En contraposición, muchas han vivido muy cómodas, instaladas en el corto plazo, aprovechando la escasa exigencia que para competir requería el ecosistema que se creó en el largo ciclo de crecimiento que va desde 1993 al 2008. Y esto, llegada la crisis, ha tenido un recorrido generalmente corto. ¿No os recuerda a la fábula de la cigarra y la hormiga?

En segundo lugar, las que, además de tener un plan, han sido capaces de ponerlo en práctica en tiempo y forma. Una cosa es tener diseñada una estrategia y otra su efectiva implantación. Y eso requiere, básicamente, la adquisición del hábito que da la práctica; el concurso de las personas: liderazgo claro, equipos de Dirección potentes y con autonomía, plantillas involucradas en y con el negocio; y una cultura empresarial y personal a la que no alarme el cambio y sea capaz de adaptarse con agilidad a los nuevos escenarios. Es evidente que la consecución de estas condiciones requiere una visión y una determinación claros y, muy importante, el concurso del tiempo. La mayoría de empresas que en plena crisis han intentado poner en práctica decisiones de cambio, de diversificación, de ajuste o de flexibilización sin contar con estas condiciones previas han fracasado parcial o totalmente. No han contado con el tiempo suficiente para gestionarlo de forma satisfactoria.

Y para finalizar esta reflexión ¿Cuál es la moraleja del cuento?: Evitar repetir situaciones y comportamientos comunes en el ciclo de crecimiento anterior y cuyos efectos han tenido repercusiones tan negativas en el largo periodo de crisis. Y para ello ¿Qué propongo?:

  • Que elevemos la mirada, salgamos de nuestra zona de confort y seamos valientes para diseñar y gestionar nuestro propio plan de futuro.
  • Que este plan debe perseguir la competitividad de hoy y de mañana y que, para ello, debe tener en cuenta necesariamente el entorno global y cambiante en el que las empresas van a tener que desenvolverse.
  • Que no dejemos nunca de otear ni perdamos de vista el horizonte, identificando los indicadores e indicios que presagian el cambio. Objetivo: anticiparnos. Me resisto a creer que el estallido de una crisis como la actual fuera del todo impredecible.
  • Que un plan es una herramienta y no una finalidad y que, por lo tanto, debemos estar dispuestos a cambiarlo cuantas veces haga falta.
  • Que si queremos tener éxito en el diseño y la implantación tenemos que dotarnos de una organización orientada a la acción, con un liderazgo potente, en la que los conceptos agilidad, flexibilidad, inconformismo, cambio y compromiso se incorporen a su ADN.
  • Que si no podemos hacerlo solos busquemos aliados y la dimensión necesaria para desarrollar con mayores garantías de éxito nuestro proyecto. No tengamos miedo. Si no lo hacemos nosotros, la realidad nos pondrá en nuestro sitio. ¿No preferimos decidir y gestionarlo nosotros, ser dueños de nuestro destino? La alternativa a no abordarlo no es mantenerse como ahora. La alternativa es la que nos propone el mito de Sísifo: el sufrimiento de por vida; subir la piedra a la cima para caer de nuevo y repetir el proceso para toda la eternidad.
  • Que para iniciar este proyecto ya vamos tarde. Que necesitamos tiempo y trabajo para asumir cambios de esta envergadura. Que la próxima crisis ya se está gestando y que debe encontrarnos preparados
  • Que aprovechemos el deseado respiro que nos puede proporcionar este nuevo ciclo de crecimiento para “comprar” el tiempo necesario para abordar con mayor tranquilidad e intensidad este proyecto.
  • En definitiva, que apliquemos las enseñanzas de esta, ya, nuestra querida crisis.

Y nada más por hoy, nos vemos en la próxima crisis!

Rafael Etxezarreta
Etiquetas

No hay comentarios>

ìSé el primero en comentar!

Deja tu comentario


dos × = 14