La sucesión: el reto de la PYME familiar

26.06.2014

Algunas claves para garantizar su continuidad en el traspaso a las siguientes generaciones:

La sucesión es condición sine qua non para la continuidad de cualquier negocio, se trate o no de una empresa familiar. Sin embargo, es el principal reto al que se enfrentan las empresas familiares y una de las principales causas de las altas tasas de mortalidad de las mismas. Datos de diversas fuentes señalan que en el mundo, el 55% de las empresas familiares no logra sobrevivir el cambio a la segunda generación y más del 80% sucumbe en su proceso de transferencia a la tercera. En Euskadi, dos de cada tres empresas familiares no sobreviven a su segunda generación, y del 33% que sí lo hacen, tan sólo el 15% alcanza la supervivencia en la tercera generación. Por lo que el 85% de nuestras empresas de tipo familiar están avocadas a desaparecer.

Pero ¿por qué no sobreviven? Son varios los factores que pueden contribuir a la desaparición de la empresa familiar, pero uno de los más importantes es la falta de un plan de sucesión.

Hay que tener en cuenta que en la empresa familiar no sólo se trata de garantizar el futuro empresarial sino de privilegiar las relaciones en la esfera familiar, y que a las complejidades propias del proceso se añaden las tensiones emocionales, los sentimientos, los sueños y las expectativas que se generan en el seno de la familia.

En este sentido, la manera en la que debe llevarse a cabo el proceso sucesorio no es un “estándar” para todas las empresas, sino que va a depender de la estructura de cada empresa, de la familia y de sus circunstancias particulares. Sin embargo, todas las empresas deben estar preparadas para facilitarlo.

Aun cuando los procesos sucesorios son únicos para cada empresa, sí hay algunas cuestiones básicas que es conveniente tener en cuenta a la hora de afrontar el proceso de sucesión en la empresa familiar, y que comentamos a continuación:

  • Anticipación. El proceso de sucesión debe gestionarse con tiempo, cuanto más mejor, ya que existen riesgos incontrolables que pueden, incluso de forma súbita, malograr un proceso de sucesión bien planificado. Postergar la decisión no ayuda y, por el contrario, es recomendable tener un plan definido antes de los 60 años.
  • Conviene comenzar con un diagnóstico correcto de la situación de los tres factores que convergen en una empresa familiar: la familia, la empresa y la propiedad. Así mismo, es necesario tener en cuenta que todo plan requiere una visión de futuro. En una empresa familiar, esa visión de futuro sólo se puede construir si se consideran, no sólo los sueños y aspiraciones de quienes actualmente encabezan la familia, sino también los de aquellos que controlarán la empresa en la próxima generación.
  • Comunicación, vender la idea, escuchar la voz de la familia. Si sabemos cómo podrían reaccionar a nuestras ideas y qué posibilidades hay de que compartan o no nuestro sueño, tendremos una idea de la probabilidad de que nuestro negocio se perpetúe a través de generaciones.
  • La sucesión es un hecho previsible, orientado al futuro y, por tanto, susceptible de planificación. Preparar la sucesión es un proceso complejo que exige una cuidada planificación y obliga a tomar decisiones delicadas. Para ello, es necesario previamente haber definido el perfil del sucesor; identificado a los posibles candidatos; seleccionado, preparado, capacitado y motivado al sucesor, para que una vez llegado el momento se realice el traspaso y pueda asumir responsabilidades directivas. Así mismo, hay que planificar la retirada del empresario.
  • La propiedad se hereda, el talento para la gestión no. No es una cuestión de apellido sino de capacidad. La empresa familiar ha de contratar la persona más adecuada para ocupar el puesto y toda la organización ha de conocer y compartir estos criterios.
  • Alinear voluntades entre predecesor y sucesor. El primero debe estar dispuesto a ceder el control y estar convencido de que el sucesor está preparado para asumir el reto; y el segundo debe estar capacitado para asumirlo y dispuesto a hacerlo.
  • Establecer las estructuras de gobierno (Consejo de familia, Consejo de Administración, Comité de Dirección,..) que garanticen un funcionamiento adecuado del negocio familiar.

Todo esfuerzo que se realice en este sentido ayudará al fin último de la empresa familiar: pasar el legado de la familia a la siguiente generación.

Cristina Martínez
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