La otra cara de la economía colaborativa

24.05.2016

Metido como estoy en proyectos de innovación en modelo de negocio, sigo con mucho interés la evolución de diferentes iniciativas agrupadas en lo que se viene a llamar “economía colaborativa” o “sharing economy”. La desintermediación, el acceso masivo a smartphones y el cambio de propiedad a uso alimentan el boom de la economía colaborativa, mientras los reguladores y competidores “tradicionales” actúan para frenar su avance (The sharing economy: boom and backlash).

Entre los “contras” a este movimiento normalmente se habla de la falta de regulación, de competencia desleal y de fomento del mercado negro. Hay quien va más allá y trata de separar el grano de la paja (Sharing lies: las 5 mentiras de la sharing economy). Pero lo que me ha puesto ante el teclado hoy ha sido otra cosa. Y no, tampoco es que Uber haya vuelto a Madrid (ubermuevemadrid).

Ayer hablaba con un amigo que me comentaba que la sociedad favorece cada vez más al empresario y que los trabajadores están cada vez más indefensos (tengo amigos sindicalistas, pero éste en concreto estudió empresariales y es directivo). Y hoy a primera hora leía Good riddance, gig economy. Hago un resumen aunque, si podéis, os recomiendo leerlo:

- Muchas startups de “economía colaborativa” no son más que formas de disfrute de productos y servicios más caros para quienes pueden permitírselo. Se lanzan con precios bajos para atraer nuevos clientes pero, una vez que agotan los fondos de capital riesgo, no pueden mantenerlos, se ven obligadas a subirlos y pierden clientes hasta que se ven obligadas a cerrar.

- Se ha pasado de ofrecer una gama muy amplia de productos y servicios (“pide lo que quieras por un precio adecuado y habrá alguien feliz de hacerlo”) a la especialización: transporte, hospedaje, labores domésticas, etc.

- Los promotores de iniciativas de “economía colaborativa” defienden que son la mejor solución contra el desempleo, y que favorecen y facilitan la emergencia de la clase emprendedora. Sin embargo, para ofrecer precios atractivos, la recompensa a las personas que prestan el servicio es reducida, y las personas más competentes no suelen ser las que buscan trabajos temporales mal remunerados, de forma que la calidad de los servicios prestados no es demasiado buena y algunos clientes no repiten ni prescriben el servicio a otros.

- Por otra parte, no todo el mundo puede o quiere emprender. Hay clases emprendedoras por oportunidad y clases emprendedoras por necesidad (no por preparación, interés ni vocación particular).

- La escalabilidad y sostenibilidad de algunos negocios es muy limitada porque están basadas en planteamientos alejados a la realidad de la población común. Ofrecer recompensas bajas por satisfacer caprichos puntuales no es fácil de sostener en el tiempo. Las personas con trabajos inestables y mal pagados suelen estar buscando mejores opciones de forma continua.

- Algunas apps de economía colaborativa cumplen la función de ETTs (Empresas de Trabajo Temporal) online. Intermedian de forma eficiente entre la oferta de trabajo y la demanda de trabajo y son una buena alternativa para personas con dificultades para acceder al mercado de trabajo. Cumplen, por tanto, con su cometido en la economía.

Subidos en la ola de la vanguardia tecnológica, podemos caer en la tentación de pensar que las personas son un recurso consumible más que usar y tirar y que ordenadores y robots nos sustituirán en cualquier tarea antes o después. Las líneas anteriores demuestran lo contrario y corroboran el papel clave de las personas en la experiencia del usuario-cliente. Guillermo Dorronsoro nos recordaba hace poco Lo que nos hace humanos y nos separa (todavía) de las máquinas y hay más señales para la esperanza: Mercedes boots robots from the production line.

Otra opción, como le pasa a mi amigo, es que nos pongamos a la defensiva y pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero tampoco es una postura que nos vaya a a resultar muy útil de cara al futuro. Nos guste o no, el mundo no deja de cambiar. La revolución digital no se va a frenar, ni la automatización de trabajos manuales y no manuales, tampoco el internet de las cosas, la globalización irá a más, veremos grandes avances en inteligencia artificial y en biotecnología… El trabajo en una empresa para toda la vida desapareció (en esto tengo que darle la razón a Rosell). Entre otras cosas, porque -salvo honrosas excepciones- ya no hay empresas para toda la vida:

La solución al dilema planteado es cuestionar el dilema. Mantener el enfrentamiento “empresario vs. trabajadores” ya sabemos a dónde nos ha llevado. El “proyecto compartido”, la alineación de intereses y esfuerzos o los modelos de organización y gestión participativos son planteamientos con más recorrido y potencial, tanto en actividades de economía colaborativa como en aquellas más “tradicionales”.

En este punto nos acercamos a lo que en OPE Consultores denominamos “Compromiso con las personas”, eso en lo que creemos, practicamos (Predicando con el ejemplo), “evangelizamos” y ayudamos activamente a extender en el mayor número de empresas y organizaciones posible. Para saber más al respecto os recomiendo leer el post escrito por mi compañera Ainhoa: A vueltas con el compromiso de las personas.

Iñaki Garagorri
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2 comentarios>

  1. Perdona la respuesta, pero creo que por muchos links que publiques, no aciertas con las fuentes de lo que es la economía colaborativa, ni el espíritu de ese planteamiento. O publicas lo que te interesa para luego vender que sois vosotros, desde vuestra empresa, los que tenéis las claves de cómo debe funcionar. Me parece que planteas de forma torticera un tema que no tiene que ver con la “lucha de clases”, ni las apps, ni el fenómeno de las startups.
    La economía colaborativa es simplemente una manera de ver la relación entre las personas, los negocios y el intercambio de bienes y servicios. Una manera de ver el dinero como un medio y no como un fin en sí mismo, es ser consciente de que si yo tengo algo que a ti te interesa y viceversa, podemos organizarnos para transmitirnos ese bien o servicio, fuera de los circuitos a los que nos obligan las pautas del mercado. Y ese “organizarnos” puede ser en la relación individual de persona a persona, o en comunidades, usando o no la tecnología de por medio. Pero tampoco la tecnología es la clave. No tengo tiempo de leer los artículos que propones, pero imagino que de todo esto, de creer en las capacidades, de dar oportunidades a las personas para que se muestren, etc. van los links que pones al final. Seguro que ahí sí tenéis razón, pero el planteamiento general del post, no me parece adecuado.
    Un saludo

    Comentario de Roke - 11:18 24.05.2016
  2. Gracias por el comentario Roke. Al escribir el post no pretendía profundizar en el espíritu de la economía colaborativa, mi intención era abordar un aspecto concreto: la organización y gestión de personas en actividades económicas relacionadas con la economía colaborativa. Y hacerlo además desde mi punto de vista, sujeto por tanto a opiniones y percepciones distintas. Trabajo como consultor de empresas y me interesa el fenómeno, sobre todo, desde el punto de vista empresarial. Los links y las fuentes responden, por tanto, a esta particular -y parcial- visión del fenómeno.
    Me gusta la definición que haces de economía colaborativa y creo que tu perspectiva amplía la mía sin sustituirla. La economía colaborativa es un fenómeno social sí, económico también y, además, empresarial. Por eso, sin ir en contra de lo que dices, creo pertinente hablar sobre tecnología, startups, regulación, relaciones laborales o “lucha de clases”. Ésa pretende ser mi pequeña aportación a un fenómeno mucho más amplio y complejo.
    Gracias de nuevo y un saludo,

    Comentario de Iñaki Garagorri - 8:20 16.06.2016

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