El compromiso: factor clave de la rentabilidad a largo plazo

13.04.2015

Dicen los expertos que estamos en la fase final de la profunda y extensa crisis que estamos viviendo desde el verano de 2008.

En este duro desierto se han quedado muchas empresas y negocios, algunos de los cuales tenían una dilatada presencia en el mercado, pero que no han podido soportar la caída de las ventas, la imposibilidad de refinanciar su alto endeudamiento, la falta de acceso al crédito, bien para circulante o para abordar inversiones imprescindibles, o la caída de los márgenes.

Otras permanecen vivas y tratan de volver a recuperar las rentabilidades que otrora tuvieron y que necesitan para poder consolidar a futuro esa viabilidad que han demostrado en esta agria fase económica.

En este objetivo de mejora de la rentabilidad las empresas tienen que abrir el foco y no ceñirse exclusivamente a las recetas que han sido válidas durante los últimos años. No basta con la mejora de la eficiencia productiva; el ajuste de los costes, bien sean de explotación o de personal, la innovación en productos/mercados/procesos, sino que se nos ha colado un factor determinante ligado a una nueva cultura que, en la fase álgida de nuestro crecimiento económico, la habíamos ninguneado, y que tiene que ver con la ética en los negocios y con el compromiso como un contrato a largo plazo entre diferentes agentes que buscan un mismo fin.

Este concepto de compromiso está cambiando, principalmente, las relaciones cliente-proveedor, las relaciones propiedad-trabajadores, y las relaciones empresa-sociedad. Ya no se buscan únicamente las relaciones cortoplacistas con los proveedores y clientes, dirigidas a conseguir las mejores condiciones en el corto plazo, ni unas relaciones laborales basadas en las estipulaciones de un convenio, y no podemos olvidarnos del entorno donde se encuentra y desarrolla la empresa.

El compromiso requiere fijar unas relaciones de beneficio mutuo a largo plazo para ambas partes, donde solo vale el “ganar-ganar”, y donde cada uno pone y recibe de forma equilibrada y en aras de un bien común.

Es en esta vía del compromiso donde las empresas pueden encontrar un camino fructífero para avanzar en la mejora de la rentabilidad de forma sostenida y donde se pueden trabajar intangibles que configuren una cultura arraigada en el rigor, en el trabajo bien hecho, en la participación de las personas en la gestión y sus resultados, en la transparencia y comunicación, en el desarrollo profesional de las personas, en el respeto medioambiental, o en el desarrollo de la sociedad.

En definitiva, esta nueva cultura ligada al compromiso permite a las empresas construir un proyecto compartido con sus clientes, proveedores, personas y sociedad que, indudablemente, va a revertir en un incremento de su rentabilidad a largo plazo.

Miguel Etxezarreta
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