Cambiar sin darnos cuenta… del cambio.

25.11.2015

Los 100 metros vallas (110 metros en hombres), simbolizan los cambios a los que se enfrentan las organizaciones, tanto por la rapidez en la que se ejecutan, como por la fluidez con la que se debieran de solventar los obstáculos del camino. Es cierto, que no siempre los obstáculos son tan predecibles, pero algo tiene que ver, la preparación (aprendizaje) y la actitud.

Una organización que no sólo reacciona, sino ejecuta rápido, debe ser una organización ágil. En primer lugar, estas organizaciones absorben y asimilan el cambio con positivismo y sentido de propósito. Aprenden y se nutren de él para provocar una diferenciación deseable y perdurable. Cambian sin darse cuenta en que están cambiando. Consideran la gestión del cambio como una competencia organizativa vital, siendo relevante que cada persona asuma su rol de agente de transformación.

Las organizaciones ágiles, que están en un proceso continuo de cambio, deben garantizar su eficiencia y eficacia. Deben considerar el balance que requiere su organización en cada momento, sin descuidar aquellas actividades ‘core’ del negocio, las que permiten obtener los ingresos más estables, ni dejando de potenciar las nuevas iniciativas o proyectos, que pretenden buscar y garantizar nuevos ingresos en el futuro.

Una de las claves para el funcionamiento ágil radica en que estas organizaciones operan como una comunidad de personas con estructura flexible, y dotadas de culturas fuertes, focalizando su personalidad (valores) en 4 pilares:

· Innovación: Como vía de promover la libre proposición de ideas en espacios abiertos conformados por equipos de profesionales multidisciplinarios y con talento, incorporando la herramienta de vigilancia competitiva, y buscando un aprendizaje rápido de los errores.

· Transparencia: Como base de generación de confianza y respeto que nos permitan conformar equipos de alto rendimiento capaces de lograr resultados sobresalientes, de manera consistente.

· Autonomía: Como fundamento para agilizar la toma de decisiones y dinamizar el cambio, delegando la autoridad a los equipos.

· Colaboración: Como argumento de contrastar, compartir, analizar, y mejorar, los conocimiento y las experiencias con el aporte de todas y cada una de las personas. Las técnicas de reuniones ágiles o colaborativas crean oportunidades de aprendizaje continuo y común.

Sin embargo, me gustaría enfatizar el aspecto que mayor dificultad representa en estas organizaciones, y es la citada agilidad en la toma de decisiones.

El primer problema radica en que las decisiones no siempre se basan en sistemas de información que cumplen las características de un modelo de gestión ágil. Existen situaciones complejas que no siempre pueden ser analizadas en detalle, y en consecuencia las decisiones no son justificadas por la vía objetiva o racional. Tenemos que ser conscientes y aceptar el papel que juega la intuición, basada en la experiencia y el aprendizaje a lo largo de toda la vida, en la agilidad del proceso de la toma de decisiones.

Al mismo tiempo, la agilidad se ve afectada por la dificultad de la cesión del ‘poder’ centralizado. Con el objeto de reaccionar con mayor rapidez, se pretende descentralizar las decisiones. Sin embargo, aquellas decisiones que están en manos de personas inicialmente ‘no reconocidas’, tendrán un menor apoyo y  el propio proceso se verá ralentizado.

Me gustaría terminar con una conclusión contundente. La eficiencia de una organización ágil es válida para cualquier circunstancia del ciclo de vida de una organización. Tanto en entidades que se encuentran en dificultad, para poder salir de esa situación, como para aquellas organizaciones en crecimiento/desarrollo, que requieren de una adaptación rápida en su evolución.

Realmente, lo que tenemos que perseguir es que nuestra organización fluya… y no le cueste grandes esfuerzos cambiar.

Etiquetas

No hay comentarios>

ìSé el primero en comentar!

Deja tu comentario


siete − 4 =